7 de febrero de 2013

La chica que amaba a Tom Gordon, Stephen King

¡Buenas noches a tod@s!
Aquí me paso para dejaros un libro que es impresionante.
Me lo leí hace algunos años, pero bueno, aunque sea así es un libro digno de formar parte de mi blog.
Ya sabéis, aquellos que me sigáis, que soy adicta a Stephen King, pues es uno de mis escritores favoritos. 
Era una tarde de estas que no sabes qué hacer, vas deambulando de un lado a otro pensando con qué entretenerte. Y apareció ahí delante de mi de repente (bueno, de repente de repente, iba buscando un libro por la estantería). Me encanta estar sentada en el sofá con un buen libro entre las manos. Sobre todo me gusta esas tardes lluviosas, que hace frío en la calle, estar con una mantita calentita dentro de casa y oir como cae el agua.
Pues cogí y me coloqué en el sillón pensando en dedicarle un ratito a la lectura, un ratito que se convirtió en un rato, pues me enganchó de tal modo que me lo leí de una sentada (creo que con esto dejo entrever cuál es mi opinión del libro).

Advertiros que se sufre leyéndolo, pero bueno, un buen libro debe hacerte sentir lo que se cuenta en sus páginas, es lo bonito de la lectura, el hacer que escapes a un mundo de imaginación. 
Podría desvelaros más cosas del libro, pero no sé, prefiero dejar que cada uno descubra las sorpresas que puedan aguardar tras unas páginas, que destriparlo yo.

No hice este blog con intención de hacer crítica literaria, si no simplemente por compartir mi gusto por la lectura y los libros.

Un abrazo queridos seguidores.

Ahí os dejo la sinopsis como siempre (no creais que se me había olvidado):
 «El mundo tenía dientes y podía morderte en cualquier momento. Trissha McFarland lo descubrió cuando tenía nueve años. A las diez de una mañana de principios de junio estaba sentada en el asiento trasero del Dodge Caravan de su madre, vestida con una sudadera azul de los Red Sox (la que llevaba 36 Gordon estampado en la espalda), y jugaba con su muñeca. A las diez y media se había perdido en el bosque. A las once intentaba contener su terror, no pensar: Esto va en serio, esto va muy en serio. Intentaba no pensar que, en ocasiones, cuando la gente se perdía en el bosque salía gravemente dañada. A veces incluso moría.» «Comienza con la inocencia, pasa por el valle de las sombras de la muerte y termina con un guiño benévolo del autor.»

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