2 de marzo de 2013

Deseo




Llama a la puerta, nervioso, su cabeza es un hervidero, no sabe todavía el por qué se encuentra tras esa puerta. Escucha como se acercan unos zapatos de tacón, por su sonido serán de tacón de aguja, elegantes, sólo como ella sabe ser, el dibujo de esas perfectas piernas que terminan en esos pies que le embelesan.
Sólo consigue ponerse más nervioso. Hace meses que no hablan, hace meses que ella no le decía nada.
Silencio, oye como poco a poco el picaporte va girando por la otra parte de la puerta, sus manos empiezan a sudar, le sobran los guantes de piel, la corbata empieza a ahogarle, no sabe qué dirá según sus ojos estén frente a los suyos.

Se abre la puerta, allí está, preciosa, espléndida. Sus ojos verdes brillan más que nunca, su sonrisa perfecta le anuda el estómago, el vestido dibujando sus inquietantes curvas. Fantástica, en todo su esplendor, no había otra palabra que la pudiese describir.
Intenta decir algo, pero ella posa sus dedos sobre sus labios para hacerle callar. No quiere escucharle, sigue enfadada con él, sólo le ha llamado con una intención.
Le coge de la mano y lo adentra en su casa, tic tac, tic tac, el reloj de pared les acompaña con su melodía interminable.
Se entregan, surge toda la pasión y lujuria reprimidas durante tanto tiempo. Como animales salvajes aprovechando los segundos antes del fin del mundo.
Siguen sin hablar, las caricias lo dicen todo.
Pero no, ella sigue muy enfadada, su objetivo era claro y debía mantenerlo.
Le pide que se vaya, sin mirarle a los ojos, él se queda de piedra sin entender por qué le quiere echar de su vida.
Le grita de nuevo que se vaya, él sigue sin enteder, aclarándole ella que le ofreció lo que él siempre buscó, que ahora ya no tendría la necesidad de hacerle creer que le importaba, que le interesaba.
Agacha la cabeza y se da la vuelta, permanece quieto, con la respiración entrecortada, empieza a vestirse; ella sigue impasible en su actitud, él se lo merecía, le hizo daño, la utilizó.
Sale por la puerta donde primero estuvo nervioso y ahora con lágrimas en los ojos. Cuidado, ella no debe darse cuenta, será mejor así, que le odie, porque así él conseguirá olvidarla, y logrará no pensar en las veces que se arrepintió al no decirle "eres tú la que tanto tiempo esperé".


C. Aliaga C.

2 comentarios:

  1. Anónimo5/3/13 15:22

    Que lástima que no acaben juntos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya escribiré otro relato breve en el que lo hagan.
      Gracias por tu visita!

      Eliminar