14 de agosto de 2014

Jugando a muñecas




Llega a casa y se siente cansado.
Los ojos le pesan, mucho, muchísimo. Hoy es uno de esos días que se hubiera quedado las 24 horas dentro de la cama.
¡No puede ser! ¡los muebles están cambiados de sitio! No puede entender qué ha sucedido. Nada está en su lugar. 
Últimamente notaba una sensación extraña, como si alguien o algo le observase. Ya está, alguien le está queriendo gastar una broma pesada, la típica coña de cámara oculta. Si, era lo más factible.
Así que nada, decidió cenar, hacer como si nada, por si la cámara oculta le estuviese grabando, no quedar muy en ridículo. Después de su dulce nocturno y su cafetito, por supuesto descafeinado, que si no, no podría dormir, decide irse a la cama pensando las horas que le quedaban por delante, ya que al día siguiente no tenía que trabajar.
Unos toquecitos en la ventana le despiertan por la mañana, y medio abriendo los ojos empieza a maldecir a lo que le esté perturbando el sueño. Paran los toquecitos y decide seguir en los brazos de Morfeo.
Otra vez golpes en el cristal de la ventana, decide ignorarlos (quizá debería comprar tapones para los oídos).
Cuando los toques empiezan a ser insistentes, se levanta con un cabreo descomunal decidido a echarle la bronca al niño que estuviese tirando piedras a su ventana, o a cargarse el pájaro que estuviese dando picotazos al cristal.
Cuando está a menos de medio metro de la ventana empieza a restregarse los ojos, sí, eso era, el cansancio le estaba jugando una mala pasada, seguro que se encontraba soñando, teniendo alguna especie de pesadilla rara.
Se acerca más y más a la ventana y ahí está, lo que parece un dedo humano de dimensiones enormes. Se esconde detrás de la cama. Se oye una voz que le indica que no debe preocuparse, que siempre ha estado cuidando de él.
Ya está, pensaba, he muerto y si que existe el cielo, y yo creyendo toda mi vida que la religión era una sandez.
La voz le sigue diciendo que salga, que tiene un regalo para él, que por fin van a conocerse.

Pasados los días al final la voz se gana la confianza de Marcos y éste decide salir. Le enseña el mundo que hay a su alrededor, y ese día se dio cuenta que estaba viviendo en una ciudad creada con casitas de muñecas.


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